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Timur Bekmambetov

Sin piedad

Mercy

20261 h 40 min
Resumen

Tras ser acusado de un crimen, un detective deberá demostrar su inocencia.

Metadatos
Director Timur Bekmambetov
Tiempo de ejecución 1 h 40 min
Fecha de Lanzamiento 19 enero 2026
Detalles
Medios de la Película
Estado de la Película
Puntuación de la Película No valorado
Imágenes
Actores
Reparto: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kali Reis, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers, Jeff Pierre, Rafi Gavron, Kenneth Choi, Jamie McBride, Ross Gosla, Mark Daneri, Haydn Dalton, Michael C. Mahon, Noah Fearnley, Konstantin Podprugin, Cully Pratt, Philicia Saunders, Jay Jackson, Mahmoud Mahmoud, Anja Akstin, Katario Dupreè Young, Evgenia Sinitsin, Richard Cetrone, Renata Ribeiro, Mike Tarnofsky, John Bubniak, Tom Rezvan, Kory Ison, Veronica Rosa Ray, George Cambio

La lucha del humano contra la IA

Autor: Francisco José Ballester 

Sin piedad es una de esas películas que parecen hechas para engañar al espectador dos veces: primero haciéndole creer que está ante un thriller sencillo, casi mecánico; y después revelándose como un rompecabezas emocional y ético mucho más incisivo de lo que aparenta. Yo también entré pensando que sería otra historia lineal sobre un hombre atrapado ante una inteligencia artificial que lo juzga, una fórmula ya bastante transitada, pero me encontré con algo más: un relato que convierte la previsibilidad inicial en una estrategia deliberada para desarmarnos.

La película comienza con una estructura casi aséptica: un detective (Chris Pratt) sentado, inmovilizado, enfrentando un sistema de justicia automatizado que opera bajo parámetros estrictos y aparentemente incontestables. El diseño visual, tan frío, tan geométrico, casi invita a creer que sabemos exactamente hacia dónde va la historia. Y, sin embargo, esa aparente claridad es la trampa inicial. Pero cuando empiezan los primeros giros, no abruptos, sino meticulosamente dosificados, la película cambia de temperatura. De repente, el relato se abre, los personajes se complejizan, y la IA deja de ser un simple antagonista para convertirse en un espejo moral del protagonista… y del espectador. Es un tipo de giro narrativo que funciona porque no busca un shock barato, sino una reconfiguración paulatina de lo que creíamos haber entendido. Ese proceso te obliga a implicarte, a tratar de reconstruir lo que ocurrió, a dudar de tu propia intuición. Y ahí es cuando Sin piedad se vuelve completamente adictiva.

Imagen de la película "Sin piedad"

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Lo más interesante del film es que plantea una pregunta que, aunque no sea nueva, aquí encuentra un enfoque muy particular: ¿Qué pasa cuando delegamos el juicio moral a un sistema incapaz de entender la ambigüedad humana? La película no cae en el discurso apocalíptico típico sobre la IA. No dice que la inteligencia artificial es “el enemigo”; lo que muestra es algo más inquietante: el verdadero peligro es la comodidad humana, la tentación de entregar decisiones complejas a una máquina porque creemos que así evitamos la responsabilidad. La tensión no es: “¿la IA se volverá malvada?”. La tensión es: “¿qué parte de nuestra humanidad perdemos cuando dejamos de juzgar por nosotros mismos?”. La paradoja que plantea el film es brutal: el protagonista ayudó a crear este sistema, creyó en él, confió en su promesa de imparcialidad… y termina sometido a la misma maquinaria que diseñó. Es un castigo muy griego, muy trágico, casi un eco moderno de Ícaro quemándose por acercarse demasiado a la perfección tecnológica.

Uno de los puntos más comentados del film es la decisión de mantener al protagonista sentado durante casi toda la película. Esto podría haber sido un desastre, pero termina siendo una oportunidad para que Chris Pratt demuestre algo que muchas veces se le niega: capacidad expresiva sin necesidad de acción física. Su interpretación es contenida, nerviosa, a ratos incluso antipática, pero funciona precisamente porque el personaje es un hombre que se siente traicionado por un sistema que creyó controlar. Los matices aparecen en las micro expresiones: la rabia contenida, la incredulidad, la sensación de que cada fragmento nuevo de información es una puñalada. Rebecca Ferguson, aunque aparece menos, aporta el contrapeso emocional y moral. Actuando como una grieta de humanidad en un entorno dominado por algoritmos. Y la IA, con esa voz hueca, regulada, quirúrgica, funciona como un personaje más distante, constantemente recordándote que el juicio no es personal, y por eso mismo es más aterrador.

En lo técnico, Sin piedad es más sofisticada de lo que aparenta. La fotografía apuesta por colores fríos, casi clínicos, creando un espacio que parece más una sala de cirugía que un tribunal. Esto refuerza la idea de la justicia deshumanizada. El montaje es impecable: rápido cuando lo necesita, lento cuando quiere que la incertidumbre pese sobre el espectador. El diseño sonoro es de lo mejor de la película. Cada zumbido, cada sonido digital, cada pausa de silencio está colocado para aumentar la tensión emocional más que la acción. La estructura narrativa es engañosamente simple, pero funciona como un mecanismo de reloj; cada giro depende de pistas introducidas sutilmente. Nada aquí es casual.

El final donde Sin piedad justifica todo lo construido antes. Ese último tramo es cuando la película deja de ser un thriller inteligente y se vuelve una reflexión honesta sobre la culpa, la responsabilidad y la fragilidad humana. El final recoge cada elemento disperso, cada pista, cada duda, y las reordena de forma que no sólo sorprende (que lo hace) sino que redefine completamente el camino recorrido. Es catártico, pero no complaciente; te deja pensando, no simplemente satisfecho. Y lo más admirable es que el cierre no se basa en un gran giro “mágico”, sino en una verdad emocional que estaba sembrada desde el principio.

En resumen, Sin piedad es una película que te conquista en silencio. No empieza fuerte, no presume de complejidad, no se apoya en la espectacularidad… pero cuando te das cuenta, ya estás atrapado. Es un film que funciona en tres niveles a la vez: Como thriller: te mantiene en tensión. Como reflexión ética: te obliga a pensar en la justicia y la tecnología. Como experiencia emocional: te invita a empatizar con la fragilidad humana ante sus propias creaciones. No es perfecta, pero es tremendamente efectiva, y, sobre todo, muy inteligente en la manera en que se reserva sus mejores golpes para el tramo final.

Lo mejor de Sin piedad es, sin duda, su final, que le da la vuelta a todo y hace que la historia tenga mucho más impacto. También funcionan muy bien los giros, que van apareciendo en el momento justo y te mantienen pegado a la pantalla. A pesar de que casi toda la película sucede en un único espacio, la tensión no decae, y eso se debe en gran parte a la actuación de Chris Pratt, que logra transmitir mucho sin moverse del sitio. El tema de la inteligencia artificial está tratado de una manera interesante y sin exageraciones, y el ritmo en general es rápido y nunca se hace pesado.

Lo peor es que el inicio puede parecer demasiado típico y dar la impresión de que será una película más del montón. El uso del mismo escenario durante casi todo el metraje puede resultar un poco monótono para algunos, y la IA a veces parece más una herramienta del guion que un personaje con verdadera profundidad. Además, algunas revelaciones llegan muy tarde y pueden sentirse un poco forzadas, y el mensaje sobre la justicia automatizada podría haber sido explorado con más detalle.

Nota: Un 7 sobre 10 es más que justo, la actuación de Chris Pratt es muy buena y la narrativa de
la obra acompaña al ritmo de esta misma.

A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que llego ayer a los cines