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Kevin Williamson

Scream 7

Scream 7

20261 h 54 min
Resumen

Cuando un nuevo asesino Ghostface aparece en el tranquilo pueblo donde Sidney Prescott ha construido una nueva vida, sus peores miedos se hacen realidad cuando su hija se convierte en el siguiente objetivo. Decidida a proteger a su familia, Sidney debe enfrentarse a los horrores de su pasado para poner fin a la masacre de una vez por todas.

Metadatos
Director Kevin Williamson
Tiempo de ejecución 1 h 54 min
Fecha de Lanzamiento 25 febrero 2026
Detalles
Medios de la Película
Estado de la Película
Puntuación de la Película No valorado
Actores
Reparto: Neve Campbell, Courteney Cox, Isabel May, Jasmin Savoy Brown, Mason Gooding, Anna Camp, Joel McHale, Mckenna Grace, Michelle Randolph, Jimmy Tatro, Asa Germann, Celeste O'Connor, Sam Rechner, Ethan Embry, Timothy Simons, Mark Consuelos, Roger L. Jackson, Scott Foley, Matthew Lillard, David Arquette, Kraig Dane, Maggie Toomey, Annabelle Toomey, Laurie Metcalf, Cyle Winters

Sidney Prescott reclama su trono: Sangre, nostalgia y un Ghostface más brutal que nunca

En 1996, el género slasher cambió para siempre cuando una voz distorsionada preguntó por una película de terror favorita. Treinta años después, la saga que rompió la cuarta pared vuelve a sus orígenes con Scream 7. Bajo la dirección de Kevin Williamson —el arquitecto original de este universo—, esta entrega se propone diseccionar las obsesiones modernas del cine de terror con la misma precisión con la que Ghostface blande su cuchillo. ¿Es posible innovar en una fórmula que se basa en repetir sus propias reglas? La respuesta es tan sangrienta como fascinante.

El regreso de la ‘Final Girl’ suprema, Neve Campbell, marca un punto de inflexión en una franquicia que, contra todo pronóstico, ha demostrado que su máscara de fantasma sigue teniendo mucho que decir en pleno 2026.

El regreso del Maestro y la redención de Sidney Prescott

En 1996, una llamada telefónica cambió las reglas del juego para siempre. Tras casi tres décadas de persecuciones, identidades ocultas y una deconstrucción constante del género, la saga creada por Wes Craven y Kevin Williamson se enfrentaba a su mayor desafío: sobrevivir al caos fuera de la pantalla. Scream 7 no es solo una secuela más; es un ejercicio de supervivencia cinematográfica que llega a los cines para demostrar que, aunque los protagonistas cambien y las tendencias mueran, el brillo del cuchillo de Ghostface es eterno. Bajo la dirección del arquitecto original de la historia, esta entrega se siente como un regreso a casa, pero uno donde las cerraduras han sido cambiadas y el peligro es más íntimo que nunca.

Para entender dónde se sitúa Scream 7, es necesario mirar la cicatriz que dejaron las entregas anteriores. Tras el éxito de la «requela» de 2022 y la expansión en Nueva York de Scream VI, la franquicia parecía haber encontrado a sus nuevas herederas en las hermanas Carpenter. Sin embargo, tras una serie de reestructuraciones drásticas en la producción, la saga ha tenido que dar un golpe de timón sin precedentes.

A diferencia de las dos entregas anteriores, que intentaban pasar el testigo a una nueva generación (la «Generación Z» del terror), Scream 7 decide abrazar el legado absoluto. El regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott no es un simple cameo nostálgico; es una corrección de rumbo necesaria. La película sitúa cronológicamente a Sidney en una etapa de madurez donde el trauma ya no es una debilidad, sino una armadura.

Si las películas de Scrream (5 y 6) exploraban el fenómeno de las «requelas» y las «fandoms tóxicos», Scream 7 se posiciona en el contexto del horror de prestigio y el legado familiar. La saga entiende que ya no compite contra otros slashers, sino contra su propia mitología, logrando encajar esta pieza como el cierre de una trilogía espiritual que comenzó con el regreso de la franquicia en 2022, pero devolviendo el protagonismo a quien siempre debió tenerlo.

Imagen de la película "Scream 7"

© 2026 Paramount Pictures − Todos los derechos reservados.

El susurro del pasado en el presente

La historia de Scream 7 arranca bajo una aparente calma que el espectador veterano sabe que es el preludio de la tormenta. Tras los eventos caóticos de Nueva York, la narrativa nos traslada a un entorno suburbano que evoca irremediablemente a la Woodsboro original, pero con una madurez visual distinta. La trama no pierde tiempo en presentaciones innecesarias; el primer timbre de teléfono establece el conflicto central: Ghostface ha vuelto, pero esta vez el juego no consiste en descubrir las reglas de una película de terror, sino en romper el santuario que Sidney Prescott ha construido para su familia. Lo que comienza como una serie de ataques aislados pronto se revela como una cacería orquestada que obliga a los protagonistas a cuestionar si el legado de sangre puede alguna vez ser enterrado de verdad.

El arco de Sidney Prescott en esta entrega es, sin duda, el pilar emocional más sólido de la cinta. Si en 1996 la vimos como la adolescente vulnerable que huía por las escaleras, y en las secuelas posteriores como la superviviente cínica y endurecida, Scream 7 nos presenta su evolución definitiva: la Leona Protectora. El miedo de Sidney ya no es egocéntrico. Su vulnerabilidad no reside en su propia vida, sino en la de sus hijos. Este cambio eleva las apuestas dramáticas; cada vez que Ghostface aparece, el espectador no teme solo por una muerte estética, sino por la destrucción de una unidad familiar. La película utiliza el instinto maternal como el motor que sustituye al simple instinto de supervivencia.

Históricamente, en el slasher, la maternidad solía ser sinónimo de debilidad o de un motivo para el sacrificio trágico. Aquí, Kevin Williamson subvierte la idea: Sidney utiliza cada gramo de su trauma pasado para anticiparse al asesino. No es una víctima que reacciona, es una estratega que prepara su hogar como un campo de batalla. Hay una escena en el segundo acto en la que Sidney instruye a su hija sobre «las reglas de la casa» que no solo es un guiño a los fans, sino una muestra de cómo ha profesionalizado su propio trauma para proteger a su linaje.

La relación con su hija (interpretada con solvencia por Isabel May) permite a la película explorar el peso de la herencia. Sidney debe lidiar con la culpa de saber que su mera existencia pone en peligro a quienes ama. Este conflicto interno añade una capa de «horror psicológico» que no habíamos visto con tanta claridad en entregas anteriores, convirtiendo el clímax final en una catarsis no solo de sangre, sino de liberación familiar.

Imagen de la película "Scream 7"

© 2026 Paramount Pictures − Todos los derechos reservados.

El ADN de una Revolución Cinematográfica

Para entender el impacto de Scream 7, es obligatorio hacer una pausa y mirar hacia atrás, al momento en que el cine de terror estaba herido de muerte por la saturación de secuelas genéricas y asesinos mudos. En 1996, Scream no solo revivió el género; lo reescribió por completo. Al dotar a sus personajes de una conciencia cinematográfica —el hecho de que ellos mismos hubieran visto películas de terror y conocieran sus trucos—, la saga derribó la cuarta pared y dio origen al slasher moderno. Esta entrega hereda ese trono, recordándonos que mientras otros monstruos dependen de lo sobrenatural, Ghostface depende de nuestra propia obsesión con las historias de miedo. Analizar por qué esta saga sigue siendo la «cuna» del género es entender cómo ha logrado mantenerse un paso por delante de su audiencia durante tres décadas.

El Regreso de Kevin Williamson a la Silla de Dirección

Si Wes Craven fue el corazón de Scream, Kevin Williamson siempre fue su cerebro. Tras décadas moldeando el universo desde el guion, su regreso como director en Scream 7 supone un evento canónico para la franquicia. No se trata solo de un movimiento nostálgico; es la recuperación de una firma autoral que entiende el slasher no solo como un desfile de muertes, sino como un diálogo constante con el espectador. En esta entrega, Williamson abandona la pirotecnia visual de las secuelas más recientes para devolvernos a un lenguaje cinematográfico más puro, donde el encuadre y el silencio son tan peligrosos como el propio Ghostface.

El trabajo de Williamson en esta entrega se distancia de la dirección frenética de Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett (directores de la 5 y 6) para abrazar un suspense mucho más hitchcockiano. Williamson utiliza la geografía de la casa y los suburbios con una precisión quirúrgica. Mientras que las últimas entregas abusaban del jump-scare (susto repentino), aquí el director prefiere el plano sostenido. Vemos a Ghostface acechar en el fondo del encuadre mucho antes de que el personaje lo note, generando una ansiedad asfixiante en la audiencia que recuerda a la mítica secuencia de apertura de 1996.

En los años 90, Williamson se burlaba de los clichés del cine de terror; en 2026, su objetivo es la «fatiga de las franquicias» y el uso de la IA en la creación de contenido. La película critica ácidamente cómo la industria intenta replicar el alma de los clásicos mediante algoritmos, usando a Ghostface como una metáfora de esa fuerza mecánica y sin alma que intenta destruir el legado real de Sidney.

La dirección de arte y la fotografía bajo su mando huyen de los filtros saturados modernos. Hay una pátina de «neoclásico» en Scream 7; se siente como una película de terror de gran presupuesto de la vieja escuela, pero con la tecnología actual. Williamson logra que el uso de móviles y domótica en la trama no parezca un truco barato, sino una extensión lógica del acecho.

En definitiva, la dirección de Williamson es un ejercicio de autoridad. Nos recuerda que para asustar no se necesitan ciudades enteras ni persecuciones kilométricas; basta con una buena puesta en escena, un personaje al que amamos y la sensación de que, en cualquier rincón del encuadre, el pasado puede volver para apuñalarnos.

Veteranos y Sangre Nueva: El duelo actoral que sostiene la máscara de Ghostface

En un género donde a menudo los personajes son meros instrumentos para el conteo de bajas, Scream siempre se ha distinguido por dar tridimensionalidad a sus protagonistas. En Scream 7, el reparto se enfrenta al reto de reconstruir la química perdida tras la salida de las anteriores protagonistas. El resultado es un elenco equilibrado que combina la veteranía de los iconos del terror con la frescura de nuevos talentos, logrando que nos importe quién vive y quién muere, algo vital para que el suspense funcione.

Neve Campbell (Sidney Prescott): Campbell no solo regresa; reclama su lugar. Su interpretación es magistral porque evita el cliché del héroe de acción. Sidney se mueve con una fatiga emocional palpable, pero con una determinación feroz. Cada mirada de sospecha y cada momento de vulnerabilidad con su familia nos recuerda por qué es la Final Girl definitiva: su fuerza nace del miedo superado, no de la ausencia de este.

Courteney Cox (Gale Weathers): Cox vuelve a encarnar a la periodista que todos amamos odiar. En esta entrega, Gale se enfrenta a su propia relevancia en un mundo de podcasts de true crime y sensacionalismo digital. Su química con Sidney, forjada en tres décadas de sangre, sigue siendo uno de los puntos más altos de la saga.

Isabel May (La nueva generación): Como la hija de Sidney, May tiene la difícil tarea de ser el nexo con el público joven. Logra transmitir esa mezcla de rebeldía y terror absoluto, demostrando que el instinto de supervivencia es algo que se lleva en los genes.

Conclusión Final

Scream 7 es un triunfo de la persistencia creativa sobre el caos industrial. Contra todo pronóstico, Kevin Williamson ha logrado lo que parecía imposible: reiniciar el motor de una franquicia herida y devolverle su identidad más pura. No es solo una película de sustos; es una reflexión sobre el paso del tiempo, la familia y la imposibilidad de escapar de los fantasmas (reales o metafóricos) de nuestro pasado.

Si bien es cierto que la fórmula del whodunnit (¿quién lo hizo?) empieza a mostrar algunas grietas por la repetición de ciertos tropos, la ejecución técnica y el carisma de su protagonista compensan cualquier atisbo de predictibilidad. Es una entrega que honra el legado de Wes Craven mientras camina con paso firme hacia el futuro del terror.

Lo Mejor: El regreso absoluto de Neve Campbell como eje central, La dirección de Williamson, que recupera el suspense clásico, El comentario mordaz sobre la IA y la industria del cine actual.

Lo Peor: Algunos personajes secundarios carecen de desarrollo profundo, cierta previsibilidad en la estructura del tercer acto

Nota: 8’5, Una cita obligatoria para cualquier amante del género. Ghostface ha vuelto, y esta vez, el juego es personal.

A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que llega hoy a los cines