Resumen
En un futuro distópico, cien adolescentes participan en una brutal competición conocida como "La larga marcha", donde deben caminar sin descanso: si se detienen o reducen la velocidad de la marcha, mueren. Solo uno sobrevivirá. Adaptación cinematográfica de la novela de Stephen King.
Camina o Revienta
Autor – Pablo de Medina Bellido.
Introducción
La aproximación existencialista más efectiva es siempre la más simple. El existencialismo se explica, a sí mismo, de la mejor manera, cuando contrapone, naturalmente, vida y muerte, conceptos indisociables arraigados al tiempo. De esos nacen el resto: abandonar o seguir, luz y oscuridad, bien y mal. Y, por tanto, de su combinación, reformulación y resignificación se produce un aparato complejísimo de visiones sobre las cuales interpretar el comportamiento humano.
La anestesia de la vida y la muerte en tiempos de incertidumbre, en una marcha —casi infinita— contra el tiempo y la supervivencia, son los ejes sobre los que pivota la «La larga marcha». Francis Lawrence, director, adapta la novela que Stehpehn King publicó, bajo seudónimo —Richard Bachman—, en 1979, hace ya treinta años.

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Sinopsis
En un Estados Unidos de posguerra, ucrónico, se celebra, de forma anual, la Larga Marcha, un concurso en el que un grupo de jóvenes participa y representa a su estado en una caminata donde detenerse equivale a morir. Sólo puede quedar uno, que será recompensado con un deseo y un gran premio económico.
La competición sirve como supuesto escarmiento nacional, honorable, para conmemorar el final de ¿una guerra?, ¿de un golpe de estado?, ¿un pasado violento? —no se llega a esclarecer—. Con el fin de devolver a Estados Unidos al lugar que merece, esta marcha es retransmitida en la televisión, para el pueblo, pero ¿qué supone caminar, sin parar, para sobrevivir?
Dirección
Sin embargo, esta retransmisión, de pan y circo, sólo es mencionada al comienzo, no llega a tener más importancia. Curiosa decisión, puesto que uno de los grandes hallazgos de Lawrence, en la primera parte del Sinsajo («The Hunger Games: Mockingjay. Part 1», 2013), aunque en la saga entera también, es el retrato de los medios de comunicación en tiempos bélicos.
En «Ante el dolor de los demás», Susan Sontag explica como exposición fotográfica y continuada del dolor podía anestesiarnos, insensibilizarnos, como especie. Sin embargo, la ocultación, decisión activa de Lawrence, es la que quizá, posibilita, una reflexión diferente sobre esa anestesia de las imágenes.
La representación de las muertes de los participantes abre un debate. ¿Es el objetivo de retratar, desigual y sin progresión, las sucesivas muertes generar un extrañamiento? ¿Esto articula una reflexión en torno a la anestesia de las imágenes, para dialogar con nuestra realidad más cercana (Palestina, Ucrania, Siria o cualquiera de las guerras activas en Oriente y Occidente)? Tal vez. Pero también puede ser torpeza narrativa, puesto que, de así ser, el subrayado musical de los momentos climáticos, no sería tal.
Puesto que, si Lawrence es capaz de generar tensión cuando un participante se ata un zapato, porque se detiene unos segundos, por qué no se retrata con el mismo pulso las defecaciones —que son momentos ineludiblemente cómicos—. Por qué representar las ensoñaciones del protagonista, en vez de concentrar la tensión en su mirada, su visión, en ese momento concreto —no salirse en ningún momento del camino—.
De hecho, en un momento brillante se plantea la posibilidad de acostumbrarse a ver morir a los amigos en el camino, a lo que se responde con firmeza que es mejor no acostumbrarse nunca. Quizá para darle valor a estas palabras, la muerte cruda y sin paliativos hubiera sido un gran acierto. Es decir, ¿es astucia a la hora de articular un retrato sobre la anestesia de las imágenes o es simplemente dejadez dramática?

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Interpretaciones
Esta ficción especulativa —que comúnmente y mal llamamos ciencia ficción— habita ese territorio entre lo próximo y la actualidad, el futuro aparentemente real que podría suceder dentro de poco, a la manera del «Civil War» (Álex Garland, 2023), dado que las interpretaciones son convencionalmente realistas. Son jóvenes, gente normal, de clase trabajadora la mayoría.
El trío que sustenta la película: Cooper Hoffman (como Raymond Garraty), David Jonsson (como Peter McVries) y Mark Hamill, como el comandante, a quien decididamente le han puesto gafas de sol, para que no se le vean los ojos, para no ver, o no ser consciente, de los asesinatos perpetrados a los que la población asiste anestesiada. El hijo de Philip Seymour Hoffman es capaz de sostener, como su padre, todo con la mirada, la venganza y la contradicción de enfrentarse (¿por voluntad propia?) a la Larga Marcha. Mientras Garraty camina, el Comandante circula en coche, porque hay gente que está por encima del dolor.
Conclusión.
Sin duda, esta marcha a la muerte en la que ni siquiera hay campo de concentración, esta asistencia a la muerte cotidiana, dialoga con la anestesia ante el dolor ajeno que vivimos cada día. (Es raro pensar que, justo, justo-justo, ahora, en una de las tantas guerras que hay abiertas en el mundo, la vida de alguien se está escapando mientras, usted, querido lector, lee estas líneas y mientras yo las escribo).
«La larga marcha» es el cine que se distancia unos pasos —aquí unos pasos lo son todo— para pensar nuestra realidad desde otro prisma, aunque no se sabe si de la forma más acertada. «La larga marcha» es, a su manera, una “road movie”, sin coche, en la que si te detienes mueres. «La larga marcha» vindica el momento, el viaje, el siguiente paso y no el futuro ni la meta, conscientes de que somos un espacio pequeño de tiempo entre dos nadas. Así como la amistad y las promesas imposibles y la necesidad de seguir moviéndose, que es, en este caso, en particular, más grande, que la muerte.
Lo Mejor: Cooper Hofman, la premisa, los paisajes y la multitud de colores, y ese camino en el que no hay final feliz posible más que seguir caminando.
Lo Peor: Los dilemas morales y filosóficos que se plantean entre muerte y muerte son píldoras, escasas, respecto a los dilemas del libro. Quizá apoyarse en uno en vez de resumirlos todos hubiese sido una gran opción para encerrar mejor el relato. Así como el subrayado musical constante, que poco alumbra o aporta, a los momentos climáticos.
Nota: 7’5
A continuación os dejamos el trailer de la pelicula que ya podéis ver en cines desde el viernes


