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Ric Roman Waugh

Greenland 2

Greenland 2: Migration

20261 h 38 min
Resumen

La familia Garrity superviviente debe abandonar la seguridad del búnker de Groenlandia y embarcarse en un peligroso viaje a través del diezmado páramo helado de Europa para encontrar un nuevo hogar.

Metadatos
Director Ric Roman Waugh
Tiempo de ejecución 1 h 38 min
Fecha de Lanzamiento 7 enero 2026
Detalles
Medios de la Película
Estado de la Película
Puntuación de la Película No valorado
Imágenes
Actores
Reparto: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Tommie Earl Jenkins, Trond Fausa Aurvåg, Amber Rose Revah, Gina Gangar, Antonio De Lima, Peter Polycarpou, Beruce Khan, Megan Jacobs Shrivastava, Mitu Panicucci, Gísli Örn Garðarsson, Sidsel Siem Koch, Faraz M. Khan, Nathan Wiley, Gordon Alexander, Alex Lanipekun, Shayn Herndon, Rachael Evelyn, Neil Bell, Andre Squire, Lee Lomas, Ken Nwosu, Sophie Thompson, Xavier Lake, Anthony Knight, William Abadie, Nelia Da Costa, Susan Eljack, Denez Raoul, Bradley Connor, Jules Dousset, Jakob van Oosterhout, Sigurður Traustason, Pétur Eggerz, Sofian Francis, Davíð Þór Katrínarson, Andre Vonport, Roger Dale Floyd, Scott Glenn, Gianni Calchetti, Tommi Thor Gudmundsson, Leah Perkins, Stephen Banks, Gunnar Bersi Björnsson, Richard Everett, Chanté Sandiford

Cuando el fin del mundo fue solo el principio de la pesadilla

En 2020, Greenland nos sorprendió al alejarse del «porno de destrucción» habitual para entregarnos una odisea íntima, sudorosa y desesperadamente humana. Tras seis años de espera (y una pandemia que hizo que la primera entrega se sintiera extrañamente profética), el director Ric Roman Waugh y el incombustible Gerard Butler regresan para responder a la pregunta que toda gran historia de desastres suele ignorar: ¿Qué sucede después del «felices para siempre» en el búnker?

Greenland: Migration no es la secuela que muchos esperaban, y ahí reside su mayor triunfo. Abandonando la urgencia del cronómetro y los cielos en llamas, esta segunda parte se sumerge en el invierno gris y los restos calcinados de una Europa que intenta recordar cómo ser civilizada. Es una película de carretera por un infierno helado, donde la amenaza ya no cae del cielo en forma de asteroides, sino que brota de la tierra en forma de escasez, radiación y la siempre peligrosa naturaleza humana. Los Garrity ya no huyen de la muerte; ahora, deben aprender a caminar entre sus cenizas.

El despertar de los Garrity en un mundo calcinado

Si la primera entrega de Greenland (2020) fue una carrera de obstáculos contra el reloj, definida por el pánico ciego y la combustión inmediata, Migration (2026) se sitúa en un plano radicalmente distinto: el de la supervivencia a largo plazo. Mientras que la cinta original se centraba en el «evento» (el impacto del cometa Clarke), esta secuela se centra en las «consecuencias».

La trama nos obliga a abandonar la seguridad del refugio. La premisa es sencilla pero efectiva: los Garrity deben atravesar los restos calcinados de Europa para encontrar un nuevo asentamiento en el que establecerse permanentemente. El mundo que encuentran ya no está regido por el pánico del impacto, sino por la desesperación del vacío. Ya no huyen de las rocas espaciales, sino de la radiación residual, los cambios tectónicos y, sobre todo, de otros supervivientes que han retrocedido a un estado casi feudal.

En la primera película, el enemigo era una fuerza de la naturaleza imparable y externa; el conflicto era logístico (llegar al búnker). En Migration, el enemigo es sistémico. Han pasado años y el búnker de Groenlandia, que una vez fue el «Edén» prometido, se ha convertido en una jaula de recursos finitos. La trama nos lanza a una Europa que ha sufrido un «invierno de impacto», donde la atmósfera está herida y la geografía que conocíamos ha sido redibujada por los incendios y los tsunamis globales.

Imagen de la película "Greenland 2"

© 2026 Lionsgate − Todos los derechos reservados.

El pulso artesanal de Ric Roman Waugh en un mundo sin horizontes

Si en la primera entrega Ric Roman Waugh demostró que podía dotar de una urgencia casi documental al cine de catástrofes, en Greenland: Migration se consagra como un cineasta capaz de capturar la psicología del entorno. Waugh abandona el montaje frenético y los grandes «set pieces» de destrucción masiva para abrazar una dirección mucho más introspectiva, cruda y, sobre todo, física.

Su trabajo en esta secuela destaca por un uso magistral de la escala y la atmósfera. Mientras otros directores se perderían en la pirotecnia digital de un mundo post-apocalíptico, Waugh prefiere mantener la cámara a la altura de los ojos, atrapada en el barro, la nieve cenicienta y el sudor de sus protagonistas. Su dirección no busca el espectáculo gratuito, sino la inmersión sensorial: cada paso de los Garrity por la Europa devastada se siente pesado, peligroso y real.

Waugh ha logrado algo complejo en el cine de género actual: equilibrar la tensión constante de un thriller de supervivencia con momentos de un silencio desolador que evocan el cine de autor. Su gestión del ritmo permite que la película respire, dándonos tiempo para contemplar la magnitud de la pérdida antes de lanzarnos de nuevo a una secuencia de acción rodada con una claridad y una sequedad que ya son su firma personal. En definitiva, Waugh no solo dirige una secuela; dirige el duelo colectivo de una especie.

Ric Roman Waugh utiliza el contexto geográfico para enfatizar la soledad. Mientras la primera película estaba llena de multitudes gritando, Migration está llena de silencios aterradores. Los restos de las ciudades europeas funcionan como un recordatorio constante de lo que se perdió, creando un eco melancólico que la primera película, por su ritmo frenético, no pudo permitirse explorar.

El triunfo interpretativo de los Garrity en el abismo

Si algo eleva a la saga Greenland por encima de la media del cine de catástrofes convencional, no es la escala de sus desastres, sino la profunda humanidad de sus protagonistas. En esta segunda entrega, las interpretaciones de Gerard Butler, Morena Baccarin y Roman Griffin Davis dejan de ser meros vehículos de acción para convertirse en el estudio de una familia fracturada por el trauma y endurecida por la necesidad.

El trabajo actoral en Migration se aleja del heroísmo impostado. Aquí no hay discursos inspiradores ni valentía gratuita; lo que vemos en pantalla es una interpretación física y desgarradora del agotamiento. Los actores logran transmitir esa extraña mezcla de entereza y fragilidad de quienes han sobrevivido al fin del mundo solo para descubrir que lo que queda después es, quizás, mucho más difícil de soportar. La química entre ellos ha evolucionado: ya no son la familia suburbana que intenta reconciliarse en medio del caos, sino una unidad de supervivencia cohesionada donde los silencios, las miradas de cansancio y los gestos mínimos de afecto pesan más que cualquier línea de diálogo. En este mundo de ceniza, sus actuaciones son el único color que queda.

Gerard Butler (John Garrity), Butler ha perfeccionado el papel de «héroe cansado». Aquí vemos a un John más envejecido y psicológicamente desgastado. Ya no es el ingeniero que busca soluciones, sino un padre que se pregunta si el mundo que le ofrece a su hijo merece la pena. Es su interpretación más vulnerable hasta la fecha. En cambio, Morena Baccarin (Allison), a diferencia de otras secuelas donde la madre queda en un segundo plano, Allison es aquí el motor logístico y moral. Baccarin aporta una crudeza necesaria, especialmente en las escenas donde debe enfrentarse a la ética de «quién vive y quién muere» en el nuevo orden mundial. Por ultimo, Roman Griffin Davis (Nathan), el cambio de actor (sustituyendo a Roger Dale Floyd) es un acierto total. El protagonista de Jojo Rabbit aporta una madurez melancólica a Nathan, quien ahora es un adolescente que apenas recuerda el mundo «de antes». Su relación con la enfermedad (diabetes) sigue siendo un punto de tensión realista, pero esta vez se trata más de su identidad en un mundo roto.

Del resto de personajes destacan Amber Rose Revah y William Abadie, aunque sus personajes sufren del mal de las películas de supervivencia: son «carne de cañón» emocional que desaparece antes de que podamos conectar realmente con ellos.

Imagen de la película "Greenland 2"

© 2026 Lionsgate − Todos los derechos reservados.

Cenizas, redención y la herencia del mañana: Un cierre magistral que trasciende el cine de desastres

«Greenland: Migration» es una secuela digna que evita repetirse. Mientras la primera era una inyección de adrenalina pura, esta es una elegía sombría sobre la reconstrucción. Es una película incómoda, tensa y profundamente melancólica, que prefiere terminar con una nota de incertidumbre realista antes que con un triunfo artificial. Es el recordatorio de que, una vez que el cielo deja de arder, la verdadera batalla comienza en el silencio de lo que queda en pie.

Lo que hace que esta película destaque en el saturado panorama del cine post-apocalíptico de 2026 es su honestidad brutal. Ric Roman Waugh no nos vende una reconstrucción heroica ni un renacimiento glorioso de la sociedad. En su lugar, nos ofrece una visión de Europa convertida en un tablero de ajedrez roto, donde las piezas se mueven por instinto y hambre, no por ideología. La dirección de Waugh logra que el espectador sienta el frío de la ceniza y la humedad de los búnkeres, convirtiendo la supervivencia en un proceso físico casi insoportable.

Lo Mejor: La madurez del tono, El realismo de Ric Roman Waugh, La evolución de los personajes, La tensión del «nuevo mundo»

Lo Peor: Cierta falta de originalidad visual, Ritmo desigual en el segundo acto, Personajes secundarios desaprovechados

Nota: 7

A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que ya podéis disfrutar en cines desde el pasado viernes