Resumen
Dan (Keith Kupferer) es un peón de la construcción de mediana edad afligido por una tragedia familiar. Alejado de su abnegada mujer Sharon (Tara Mallen) y su talentosa pero problemática hija Daisy (Katherine Mallen Kupferer), Dan encuentra consuelo y comunidad en una compañía amateur de actores inadaptados. El protagonista se ve obligado a afrontar sus emociones más profundas en una representación de bajo presupuesto de la mayor tragedia de Shakespeare.
EL PODER DEL TEATRO: EVASIÓN Y CONEXIÓN CON LA REALIDAD
Autor – Santiago Gómez Chacón.
Muchas veces, cuando uno piensa en el teatro, lo primero que se nos viene a la cabeza es su función como herramienta evasiva con el puro fin de entretenernos y hacernos olvidar de nuestros problemas por un rato. No obstante, nos olvidamos de su capacidad para conectar con nuestros dilemas y problemáticas más serias a través de los ojos de otro personaje en la representación teatral. De eso va el largometraje de Ghostlight, de ese doble poder del teatro para evadirnos pero sobre todo para conectar con la realidad…
TRAMA
Una familia se encuentra pasando por un momento muy complicado donde unos padres y una hija están atravesando el duelo de un familiar ausente en sus vidas. En especial, el padre, Dan, deambula por la vida casi por inercia, sin atisbo de motivación alguna. Un buen día, una señora se fija en él y para enmendar su pobre estado emocional le invita a entrar con ella a un taller de teatro que organiza sin ánimo de lucro una asociación del barrio.
Sin nada que perder, Dan se introduce en el grupo de teatro y logra así que esto sea una actividad lúdica que le permita despejar su mente de ese pozo de pensamientos oscuros que se le aparecen en bucle. Poco a poco se dará cuenta que eso de actuar le hace mucho bien y su familia se volcará consigo en su aventura por el escenario. El conflicto más importante ocurrirá cuando le asignen un papel que le hará revivir en cierto modo el dolor y la tragedia que pasó su hijo la noche de su fallecimiento.
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DIRECCIÓN Y ESTILO VISUAL
La dirección y guión de este largometraje queda a cargo de Kelly O’Sullivan y Alex Thompson. Ambos se compaginan para traernos una película con un sello autoral muy potente que impregna toda la cinta de una sensibilidad y dulzura extraordinariamente enternecedora en su conjunto. El filme en cuestión hace un seguimiento increíble de sus personajes, abriendo la puerta a que empaticemos con ellos por encima de sus palabras. Una vez comprendemos cómo se sienten; sus gestos, miradas y actitud nos revelarán mucho más sobre ellos mismos que lo que terminan verbalizando finalmente.
Dicho de otra manera, los cineastas nos acercan de tal forma a los personajes que nos guiamos más por cómo se expresan hasta el punto que nos sobrarán en muchos casos los propios diálogos. Este punto es muy significativo dado que tras la tragedia familiar que les persigue, estos se comportarán de una manera más irascible o reservada en casi todas las situaciones. En consecuencia, dependeremos de ese paulatino viaje a la intimidad de estos familiares para tener el placer de conocerlos como es debido. En cierto modo, creo que el largometraje se sintoniza muy bien con el tema del teatro (sobre el que se asienta la narrativa) ya que reproduce esa faceta tan importante en el arte de la dramaturgia de reproducir un acting propio que hable del personaje tan sólo con la expresividad corporal que lo caracteriza.
ACTUACIONES
La actuación de la familia juega un papel fundamental ya que constantemente deben apoyarse entre ellos para asimilar juntos ese vacío que ha puesto sobre las cuerdas este hogar que parece a punto de desmoronarse. De hecho, parte de esa verosimilitud que proyectan los personajes reside en que verdaderamente existe ese lazo de unión pues son familia los actores que la interpretan, padres e hija en la vida real. Realmente, esa conexión emocional se transmite y traspasa la pantalla siendo incluso una importante carta para acercarse aún más a esa anhelada intimidad que busca traer a la luz el guión de esta película.
La puesta en escena de Keith Kupferer como padre sobresale enormemente en ese rol protagónico de figura paternal que se culpa y achaca constantemente el dolor sobre su familia. Ensimismado en sus pensamientos, la profunda melancolía que deja entrever en su mirada será su arma más potente. Impecable ese trabajo del actor en el que paulatinamente irá soltándose tal y como su personaje va tomando más conciencia del teatro como herramienta para liberarse y desahogarse del trauma que lleva por dentro. Por último, destacar la actuación de Katherine Kupferer como la hija siendo ella la luz rebelde y alocada que saca de quicio en ocasiones pero a la vez tanto necesita su padre para salir adelante.
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TEMÁTICA Y SUBTEXTO
La película abarca muchos temas trascendentales y reflexivos que tienen como eje vertebrador a la familia como pilar indispensable sobre el que se sustentan el resto de asuntos. La familia se presenta como mejor refugio al que acudir ante la tragedia, siendo éstos mismos no sólo quienes se ofrezcan la máxima comprensión entre ellos sino aquellos por los que merece la pena seguir y luchar a pesar de todo. Los personajes se dan cuenta de que la familia sirve tanto de apoyo como lugar de suma confidencia en el que poder desahogarse con total impunidad.
El tema del suicidio acostumbra a relegarse a un tabú infinito que no debe ser nombrado, como si el rehuir tratarlo implicase, de alguna forma, que se redujese la posibilidad de que ese pensamiento sobrevolase por la cabeza de alguien. Para más inri, el temor a abrirse sobre esta cuestión se vuelve aún más complejo si esta desgracia ocurre en un ser querido como si, equívocamente, fuese culpa tuya por no haber intervenido antes. En consecuencia, el teatro concede ese catalizador final que posibilite una mejor digestión de la tragedia, el último “empujoncito” que consiga lograr que exterioricen ese drama que han intentado enmascarar, sobre todo el padre protagonista. Concluímos que el arte de la dramaturgia demanda también a los actores a que éstos afloren todo tipo de emociones y por tanto, aquellos que las interpretan deben liberar sentimientos que se encuentran en lo más profundo de su ser. Colocarse en la piel del drama y manifestarlo al público en un escenario les permite conciliarse enteramente con esa trágica realidad familiar.
CONCLUSIÓN
“Ghostlight” es una película que te emociona y acerca de una manera muy personal y profunda a una familia que vemos liberarse de la tragedia a través de un arte tan potente como lo es el teatro. El teatro funcionará como herramienta de evasión y conexión a esa dramática realidad de la que intentan rehuir y con la que juntos podrán cicatrizar y seguir adelante con sus vidas. Si pretendes darle un abrazo a tu corazón creo que esta película podría ser la mejor opción.
Lo mejor: El tratamiento y acercamiento al pensamiento y traumas que soportan los personajes. Las emociones que proyectan se sienten muy auténticas.
Lo peor: Quizá tarde un poco en arrancar y sentir esa fuerte conexión que luego sentiremos con los personajes de la cinta.
Nota: 8,5.
A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que llega hoy a los cines