¡Sin puntuaciones todavía!
Kleber Mendonça Filho

El agente secreto

O Agente Secreto

20252 h 41 min
Resumen

En Brasil, en 1977, Marcelo, un especialista en tecnología que huye de un pasado misterioso, regresa a Recife en busca de paz, pero se da cuenta de que la ciudad está lejos del refugio que busca.

Metadatos
Director Kleber Mendonça Filho
Tiempo de ejecución 2 h 41 min
Fecha de Lanzamiento 23 julio 2025
Detalles
Medios de la Película
Estado de la Película
Puntuación de la Película No valorado
Actores
Reparto: Wagner Moura, Carlos Francisco, Tânia Maria, Robério Diógenes, Roney Villela, Gabriel Leone, Alice Carvalho, Hermila Guedes, Isabél Zuaa, Maria Fernanda Cândido, Thomás Aquino, Laura Lufési, Isadora Ruppert, Igor de Araújo, Ítalo Martins, Udo Kier, João Vitor Silva, Luciano Chirolli, Geane Albuquerque, Fafa Dantas, Suzy Lopes, Gregorio Graziosi, Joálisson Cunha, Aline Marta Maia, Buda Lira, Wilson Rabelo, Erivaldo Oliveira, Enzo Nunes, Márcio De Paula, Fabiana Pirro, Rubens Santos, Kaiony Venâncio, Licínio Januário, Marcelo Valle, Robson Andrade, Albert Tenorio, Edilson Silva, Nivaldo Nascimento, Cely Farias, Beto Quirino, Mariza Moreira

El susurro de la paranoia: Kleber Mendonça Filho y la anatomía del miedo en «El Agente Secreto»

Hay películas que se ven y películas que se padecen, en el sentido más artístico y sensorial de la palabra. Kleber Mendonça Filho, el cineasta que ya nos voló la cabeza con la distopía de Bacurau, regresa a las salas con ‘El Agente Secreto’, una obra que llega a los cines no como un simple thriller de época, sino como un artefacto político de precisión quirúrgica. Ambientada en el crepúsculo de la dictadura brasileña de 1977, la cinta nos sumerge en un Recife donde el sol del trópico no logra disipar la sombra de la vigilancia. Con un Wagner Moura magnético que abandona la explosividad para abrazar el pánico contenido, Mendonça Filho construye un laberinto de espejos donde la identidad es un estorbo y la supervivencia, un acto de traición. No estamos ante una película de espías al uso; estamos ante el retrato de un país que aprendió a vivir mirando por encima del hombro.

El Laberinto de la Sospecha: Una Odisea de Identidades Prestadas

Ambientada en 1977, en plena dictadura militar brasileña, la película sigue a Marcelo (un inmenso Wagner Moura), un experto en tecnología que huye de São Paulo tras un conflicto con un poderoso empresario. Se refugia en su Recife natal bajo una identidad falsa, intentando pasar desapercibido mientras el país vive sumido en una paranoia colectiva.

Lo que parece un thriller de espionaje convencional se transforma rápidamente en algo más denso y asfixiante. Mendonça Filho huye de la estructura clásica de «misión»: aquí el suspense no nace de la acción, sino de la espera, de la mirada de reojo y de la sensación de que las paredes tienen oídos. Es una película sobre la invisibilidad y el coste personal de la supervivencia en un sistema podrido.

La trama profundiza en cómo la dictadura de 1977 no solo se ejercía mediante la violencia física, sino mediante la ruptura de la confianza social. Cada personaje secundario que entra en la vida de Marcelo —desde el conserje hasta el interés romántico— es una fuente potencial de peligro. También, hay una subtrama brillante sobre la escucha y la observación. Marcelo, un experto en tecnología, es consciente de que los muros son permeables. La película utiliza la arquitectura de los edificios antiguos de Recife para simbolizar esta falta de privacidad.

El final (que no revelaremos por respeto al espectador) propone un giro metafórico que eleva la trama de un simple caso de persecución a una reflexión existencial sobre la memoria. No se trata de si Marcelo escapa o no, sino de si queda algo de su «yo» real tras tanto tiempo fingiendo ser otro.

La trama es, en última instancia, una autopsia del miedo. El «agente secreto» del título no es solo Marcelo; es el miedo mismo, que actúa como un agente infiltrado en cada hogar brasileño de la época. La película sugiere que en un régimen autoritario, todos terminan siendo agentes secretos de sus propias vidas, ocultando sus verdaderos pensamientos para poder sobrevivir un día más.

Imagen de la película "El agente secreto"

© 2025 Lemming Film − Todos los derechos reservados.

La Puesta en Escena Quirúrgica de Kleber Mendonça Filho

El director de Bacurau y Aquarius demuestra aquí su madurez absoluta. Su puesta en escena es opulenta y quirúrgica. Si algo ha demostrado Kleber Mendonça Filho a lo largo de su filmografía —desde la inquietante O Som ao Redor hasta la combativa Bacurau— es que es un cineasta del espacio y del sonido antes que de la palabra. En El Agente Secreto, su dirección alcanza una sofisticación técnica que roza lo obsesivo. Mendonça no se limita a filmar una época; la reconstruye mediante una geografía del miedo, utilizando la arquitectura de Recife no como un telón de fondo, sino como un ente opresivo que encierra a sus personajes.

Su cámara, siempre deliberada y elegante, se mueve con la paciencia de un vigilante, alternando grandes angulares que subrayan la soledad del individuo frente al sistema, con primerísimos planos que capturan el sudor y la paranoia en el rostro de Wagner Moura. El director hace gala de un control absoluto sobre el ritmo, dilatando los tiempos para que la audiencia sienta el mismo desgaste psicológico que el protagonista. Es una dirección que no busca el espectáculo del thriller tradicional, sino la inmersión sensorial en una realidad donde lo cotidiano resulta profundamente amenazante.

Imagen de la película "El agente secreto"

© 2025 Lemming Film − Todos los derechos reservados.

Piel, Sudor y Silencio: El Triunfo de la Contención y el factor Wagner Moura

En una película donde lo que no se dice es más peligroso que lo que se grita, el peso de la narrativa recae inevitablemente en la capacidad gestual de sus intérpretes. Kleber Mendonça Filho ha huido del histrionismo propio de los dramas de época para buscar una verdad descarnada. El reparto de El Agente Secreto no interpreta personajes; parece habitar una época. Desde el rostro cansado de su protagonista hasta la sombra fugaz de un extra en un café, cada actuación contribuye a esa atmósfera de desconfianza generalizada. Es un ejercicio de actuación minimalista donde la tensión se mide por la rigidez de un hombro o la dirección de una mirada furtiva.

Wagner Moura: El Hombre que se Desvanece

Tras años de ser identificado globalmente con la explosividad de Pablo Escobar o el Capitán Nascimento, Wagner Moura realiza aquí un giro de 180 grados. Su interpretación de Marcelo es un prodigio de la contención. Moura logra transmitir la fatiga crónica de quien debe fingir ser alguien corriente mientras su mente procesa rutas de escape. Su actuación es física: vemos cómo su cuerpo se encoge para ocupar menos espacio, cómo sus ojos escanean constantemente el entorno sin parecer sospechoso.

En los momentos de soledad, Moura nos regala destellos de una fragilidad desgarradora, recordándonos que tras el «agente» hay un hombre aterrado por la posibilidad de ser borrado de la historia.

El Enigma de Udo Kier

La presencia del icónico actor alemán Udo Kier aporta una capa de extrañeza casi lynchiana. Su personaje funciona como un puente entre el mundo exterior y la claustrofobia de Recife. Kier, con su mirada gélida y su dicción pausada, encarna la omnipresencia del peligro. Su mera aparición en pantalla eleva la tensión, sugiriendo que el alcance de la red que persigue a Marcelo es mucho más vasto de lo que imaginamos.

Maria Fernanda Cândido y el Rostro de la Época

Como contrapunto femenino, Maria Fernanda Cândido ofrece una actuación elegante y melancólica. Ella representa a esa clase media brasileña que intenta mantener las formas mientras el país se desmorona. Su química con Moura es sutil; no se basa en grandes diálogos, sino en silencios compartidos que sugieren una comprensión mutua de la tragedia que los rodea.

Secundarios: El Paisaje Humano

El resto del elenco (con nombres como Gabriel Leone) funciona como un engranaje perfecto. Mendonça Filho utiliza a sus secundarios para dar textura al relato. El conserje, el vecino, el mozo, todos actúan con una naturalidad que incomoda. Nunca estamos seguros de si son aliados, enemigos o simplemente otros náufragos del sistema.

El éxito del reparto radica en que nadie intenta destacar por encima de la atmósfera general, creando una sensación de realismo documental que hace que la amenaza se sienta real.

Imagen de la película "El agente secreto"

© 2025 Lemming Film − Todos los derechos reservados.

Conclusion: El Cine como Acto de Memoria Insumisa

El Agente Secreto no es una película cómoda, ni pretende serlo. Es un ejercicio de arqueología emocional que recupera los fantasmas de un Brasil que aún se reconoce en sus espejos rotos. Kleber Mendonça Filho ha construido su obra más madura, una que exige al espectador paciencia pero que le recompensa con una de las experiencias cinematográficas más atmosféricas y honestas de la década. Es, en esencia, el triunfo del cine de autor sobre la fórmula genérica.

Lo Mejor: Wagner Moura en estado de gracia, relevancia histórica y el diseño sonoro y atmósfera

Lo Peor: El ritmo desafiante, ciertos quiebros narrativos y densidad política

Nota: 9 , «Una obra maestra de la paranoia. Mendonça Filho no solo dirige una película; filma el miedo invisible que corroe a las sociedades bajo el control.»

A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que ya podéis disfrutar en cines tras el éxito en la temporada de premios