Resumen
Cinco antiguos espías españoles que, décadas atrás, participaron en una operación secreta en Colombia, son asesinados al mismo tiempo en diferentes partes del mundo.
El despertar de las cloacas del Estado en un thriller de acero
«Zeta» no es solo la nueva apuesta de acción de Prime Video; es una disección fría y metódica de los mecanismos del poder. Dani de la Torre abandona el costumbrismo criminal para adentrarse en el espionaje de alta alcurnia, donde las decisiones se toman en despachos con moqueta y se ejecutan en callejones húmedos. La película logra algo difícil en el cine español: dotar de una pátina de realismo internacional a una historia que nace de nuestras propias sombras históricas. Es un ejercicio de estilo que demuestra que el thriller político puede ser, a la vez, un espectáculo de masas y una punzada a la conciencia nacional.
Un Rompecabezas de Sangre y Silencio
«Zeta» no pierde el tiempo con preámbulos innecesarios. La película arranca con una secuencia quirúrgica que establece las reglas del juego: alguien está «limpiando» el pasado de la inteligencia española, eliminando uno a uno a los agentes que formaron parte de la Operación Ciénaga. Lo que sigue es un thriller de persecución y descubrimiento donde la trama se bifurca en dos líneas temporales: el presente cínico y tecnológico de Madrid, y el pasado turbio de las selvas colombianas hace 35 años.
La narrativa nos sumerge en una carrera contrarreloj donde el protagonista, Zeta, no solo lucha contra un enemigo invisible, sino contra la propia inercia de una institución (el CNI) que parece más interesada en proteger su reputación que la vida de sus hombres. Es una historia de «cabos sueltos» que se niegan a ser cortados y de secretos que, tras tres décadas enterrados, han mutado en algo mucho más peligroso que la verdad original.
La premisa es un puñetazo directo: cuatro exoficiales de inteligencia españoles son asesinados simultáneamente en diferentes embajadas del mundo. No es una coincidencia, es una limpieza. El nexo de unión es la «Operación Ciénaga», una misión secreta en Colombia hace 35 años que terminó de forma turbia. La película nos presenta a Zeta (Mario Casas), el agente más letal del CNI, quien debe encontrar al quinto superviviente de aquella misión antes de que lo hagan los asesinos. Lo que empieza como una búsqueda de rescate se convierte en un descenso a los infiernos de los secretos de Estado, donde la verdad está enterrada bajo capas de archivos borrados y traiciones institucionales.
El Músculo Visual de Dani de la Torre
Si hay un director en España capaz de mirar de tú a tú a las grandes producciones de acción de Hollywood sin perder la identidad local, ese es Dani de la Torre. Tras demostrar su pulso en El Desconocido y su maestría para la tensión geopolítica en la serie La Unidad, en «Zeta» se consagra como un artesano del ritmo. De la Torre no rueda escenas de acción; coreografía auténticas piezas de tensión donde la cámara es un personaje más que suda, corre y sufre junto a los protagonistas.
A diferencia de muchos directores de acción actuales que abusan del «montaje caótico», De la Torre mantiene una claridad espacial envidiable. En la gran secuencia de Río de Janeiro, el espectador siempre sabe dónde está cada pieza, lo que multiplica la angustia y el impacto de cada disparo o persecución.
El director maneja con maestría el cambio de registro. Pasa de la frialdad aséptica y azulada de las oficinas del CNI en Madrid al calor sudoroso, vibrante y caótico de las localizaciones internacionales. Este contraste visual subraya la dualidad de la trama: el orden aparente del Estado frente al caos de sus pecados pasados.
El CNI y las Sombras Diplomáticas
Más allá de las coreografías de acción y el carisma de sus protagonistas, «Zeta» destaca por su voluntad de cartografiar los rincones menos iluminados del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). La película de Dani de la Torre no se conforma con el cliché del superagente infalible; en su lugar, nos introduce en la figura del «agente de embajada», ese híbrido entre funcionario diplomático y recolector de secretos que opera en la legalidad ambigua de suelo extranjero.
El guion utiliza la ficticia «Operación Ciénaga» como un espejo retrovisor hacia la «guerra sucia» y las cloacas del Estado de finales de los 80, recordándonos que las instituciones tienen memoria y, sobre todo, deudas pendientes. En este tablero geopolítico, las embajadas no son solo sedes administrativas, sino puestos de avanzada donde la ética se diluye en favor de la «Razón de Estado». La película acierta al mostrar un CNI que no solo lucha contra amenazas externas, sino contra sus propios fantasmas y una estructura burocrática que, a menudo, prefiere enterrar la verdad antes que gestionar sus consecuencias.
Aunque «Zeta» es una obra de ficción, su guion respira un aroma a «realidad incómoda» que cualquier conocedor de la historia reciente de España identificará de inmediato. La película no inventa el concepto de las «cloacas del Estado», sino que lo estiliza para el cine de acción.
Aquí tienes los paralelismos más evidentes con la historia real de la inteligencia española:
1. De los GAL a la «Operación Ciénaga»
El motor de la película es una misión en Colombia hace 35 años que hoy avergüenza al Estado. Es imposible no trazar un puente con los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) en los años 80.
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El paralelismo: Al igual que en la película, los GAL fueron una trama de «guerra sucia» financiada con fondos reservados y ejecutada por mercenarios y agentes de las fuerzas de seguridad para combatir a ETA fuera de la ley. El hecho de que «Zeta» sitúe su origen 35 años atrás encaja perfectamente con esa cronología de finales de los 80, una época donde la frontera entre la seguridad nacional y el crimen de Estado era, a menudo, una línea borrosa.
2. El paso del CESID al CNI: Limpieza de imagen
En la película vemos una tensión entre la «vieja guardia» (Ancares/Zahera) y la «nueva escuela» (Zeta/Casas).
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La realidad: En 2002, el antiguo CESID se transformó en el CNI actual. El objetivo no fue solo un cambio de nombre, sino una purga de los vicios heredados de la dictadura y la Transición, buscando un servicio de inteligencia moderno, civil y sometido al control judicial. La película juega con la idea de que, por mucho que se cambien las siglas, los «cadáveres en el armario» de la etapa anterior siempre pueden salir a la luz.
3. Agentes bajo cobertura: El riesgo real de las embajadas
La película arranca con asesinatos de agentes con cobertura diplomática. Esto recuerda a uno de los episodios más negros del CNI: la emboscada de Latifiya (Iraq, 2003).
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El caso real: Siete agentes del CNI fueron asesinados en una emboscada mientras realizaban labores de inteligencia en un entorno hostil. Aunque en el caso de Iraq no hubo una trama de traición interna como en la película, el filme captura perfectamente la vulnerabilidad de estos agentes que operan en «tierra de nadie», donde su única protección es una identidad falsa y un Estado que, si las cosas salen mal, podría verse obligado a negar su existencia.
4. El «Archivo» y las filtraciones
La trama gira en torno a secretos que no deben salir a la luz.
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El paralelismo: España ha tenido sus propios «papeles secretos», como los famosos «papeles del CESID» sustraídos por el coronel Juan Alberto Perote en los 90, que contenían microfilms con información sensible sobre operaciones ilegales, escuchas a políticos y la guerra sucia. El miedo que muestran los altos cargos en «Zeta» ante la revelación de la verdad es un eco directo de las crisis institucionales que estos documentos provocaron en la vida real.
Lo que hace que «Zeta» funcione es que no nos vende un mundo de James Bond, sino uno más parecido al de Villarejo o los informes reservados: un mundo de despachos con moqueta, carpetas que desaparecen y agentes que, tras servir a su país en misiones cuestionables, terminan siendo «prescindibles».
El Factor Humano – Un Duelo de Generaciones y Estilos
Si la dirección de Dani de la Torre pone el músculo y el guion pone el esqueleto, es el reparto quien dota de alma y verosimilitud a «Zeta». En un género donde es fácil caer en el arquetipo de «agente de cartón piedra», la película apuesta por un trío protagonista que representa tres formas muy distintas de entender el deber, la culpa y la supervivencia. El éxito de la cinta no reside solo en sus persecuciones, sino en la tensión eléctrica que se genera cuando estos tres personajes comparten encuadre.
«Zeta»: Las cloacas del Estado nunca tuvieron tanta adrenalina.
«Zeta» es una pieza de relojería técnica que funciona mejor cuanto más se ensucia las manos en la acción y en el pasado turbio de las cloacas del Estado. No es una película revolucionaria en su estructura —bebe directamente de los códigos de la saga Bourne o de las novelas de John le Carré—, pero su gran acierto es localizar ese conflicto en nuestra propia idiosincrasia política.
Dani de la Torre nos regala una dirección vibrante, recordándonos que el CNI no solo se mueve en despachos de Madrid, sino en el caos de las embajadas y en las consecuencias de decisiones tomadas hace décadas. Aunque el guion se enreda a veces en su propia ambición explicativa, el duelo interpretativo entre la contención de Mario Casas y la arrolladora verdad de Luis Zahera sostiene el metraje con una fuerza incuestionable. Es, en definitiva, un entretenimiento de alta calidad que deja un poso de reflexión amarga sobre el precio de la seguridad nacional.
Lo Mejor: El trio protagonista formado por Mario Casas, Mariela Garriga y Luis Zahera, la dirección técnica de Dani de la Torre, el realismo político
Lo Peor: densidad narrativa sobre todo en su segundo acto, ciertos arquetipos de algunos personajes
Nota: 7
A continuación os dejamos el tráiler de la pelicula que ya podeis disfrutar en Amazon Prime Video




